La familia de Javier y Alberto era muy creyentes, y a veces, cuando caia una tormenta, nos poniamos a rezar en circulo, y aquello a mi me paricia bonito y extraño nunca lo habia visto. Fue asi como conoci la religion, luego con tormenta o no me volvia a casa, y todos decian ¿Pero donde vas…?. A mi daba igual, cruzaba el campo lloviese, no o cayera el diluvio universal. Creci asilvestrado, y siempre me senti solo, y en soledad me encontraba muchas veces mejor. Habia muchos niños en este barrio y una vez fuimos inocentes, y salvajes. En verano, iba a la antigua mina a cielo abierto, y alli cogia renacuajos y junto a un amigo nos tirabamos por las rampas de una gran mina a cielo abierto de arcilla abandonada que para una niño era algo gigante, tambien era un picadero, y las parejas iban a follar, y nosotros les tirabamos piedras con tirachinas desde lejos. Estaba la vieja aldea abandonada donde una vez matamos a palos a una serpiente mas grande que nosotros, y tambien las moreras donde ibamos coger hojas para los gusanos de seda y mas alla el bosque, un lugar bello y retirado donde ibamos con las bicis bmx hasta perdernos. Habia una antigua fabrica, un lugar un poco peligroso como la propia infancia, estaba medio desmoronada, y una vez por unas escaleras que casi se caian subimos a la segunda planta donde no encontramos nada y luego no nos atraviamos a bajar, pero lo hicimos, unos dias despues las escaleras se habian caido. Estaba la antigua vaqueria de la Priegola, donde vivia joel, un compañero de clase, como Dionosio Ruidrejo, sobrino o hijo – no lo se – del poeta Dionisio Ruidrejo, donde Javier, Joel, Dionisio y yo eramos compañeros de clase. Recuerdo que se reian de mi, porque cuando el profesor decia levantar la mano derecha, yo levatanba la izquierda, me detectaron dislexia, y repeti un año con clases de refuerzo, al final deje de escribir de derecha a izquierda, y todo al reves, y un dia me dieron un premio por un relato, y me hicieron levantarme delante de todo el colegio y recibirlo delante de los profesores, me regalaron dos libros Osito Bolita, y el Rey de las letras. Si algo extramo de la infancia era aquella sensacion de libertad, yo creo haciamos lo que queriamos, corriaos por los decampados, y nos perdiamos por el bosque. Hasta aquí solo se podia entrar por dos calles y era un lugar tranquilo que siempre crei que era el final de algun mundo o algun reino. Ibamos a la priegola muchos niños, a ver las vacas y los trabajadores nos echacaban agua con una manga a presion y los niños casi saliamos volando, tambien recuerdo a aquel viejecito que nos enseñaba canciones, era el año 89 e ibamos cantando: “ Franco, franco tiene el culo blanco” y todos miraban asustados a esos niños terribles de 9 años. Recerdo – de forma conmovedora – que miraba a las hijas de mi vecina Irene, que tenian 18 años, yo tenia solo 11 o 12, como se desnudaban cada noche, e incluso se daban crema, y asi aprendi el cuerpo femenino, colgado de una ventana intentando mirar a la vez que – claro – y asi, en fin, comence a masturbarme. Un dia entre en su casa a por unos libros, y le dijo a su hermana, este niño me mira raro. Ella no sabia, que se habian convertido en mi primera experiencia sexual plena y asi sali - heterosexual perdido - . Sin embargo el sexo habia llegado antes, estaba en primero de e.g.b y dos niñas se peleban por verme la colita, luego me echaron una bronca enorme en el despacho del director, y yo dije – han sido ellas - . Al salir del despacho escuche las risas de los profesores y yo dije, bueno me voy a jugar con el barro. A veces creo que el mundo, no engaña, de tal forma, que podamos descrubirlo – sansara – . Cuando eramos niños, recuedo que una vez descubrimos volviendo del bosque, a una pareja en un coche, y les abrimos las puertas y se encendio la luz, y alli vi el amor : Ella encima de el, con los pechos desnudos, y como se agitaban, lo cual nos hizo mucha gracia. Cuando la antigua vaqueria quedo abandonada comenzamos a conquistarla con nuestras armas, palos y piedras y alli encontramos en un edificio donde habia varios pisos una extena colección de revistas porno, que era la primera vez que veiamos. Las risas de tres niños se debian escuchar a kilometros de distancia, y asi decidimos que aquel piso era una de nuestras casas, pasabamos algunas tardes. Tambien alli un dia dentro de un armario descubri que los chicos tambien se tocan y el grandullon, mas mayor que nosotros, nos llamo mariquitas, despues lo escuche muchas veces. - No ha pasado nada – decia yo y era verdad y alli tambien una vez se posaron cientos de globos areostaticos de una competicion, y bajamos a jugar y correr entre ellos a un antiguo campo de futbol abandonado.




















































libRos que estoy leyendo.





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